El olvido histórico de las mujeres de lucha y sus demandas incumplidas

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Por Sara Lovera*

Ciudad de México, 6 de octubre de 2021.- Desde el siglo XIX, en México hay un hilo conductor de promotoras, activistas y mujeres en la consecución de los derechos para la mitad de la población que están en el silencio histórico. Poco sabemos de ellas y sus circunstancias. No hay en este gobierno, como no lo hubo antes, una narrativa sobre las forjadoras de nuestras vidas, rupturistas y avanzadas, opuestas a la opresión, discriminación y sometimiento histórico de las mexicanas, víctimas del sistema patriarcal.

La iniciativa de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum Pardo, para crear un Paseo de las Heroínas, es la evidencia del ocultamiento de miles de mexicanas que durante casi dos siglos -como ella lo dijo textualmente- una y otra vez alzaron la voz para decir “no somos ni estamos detrás, somos y hemos sido forjadas de nuestras vidas”. Y también en momentos de coyuntura y guerra, “forjadoras de nuestra patria”, sin duda.

Ella habla con el discurso de los hombres, reafirmando el ocultamiento, nombrando a las que limitadamente nos enseñaron los libros de texto y no de aquellas descubiertas y reveladas profusamente por las historiadoras feministas en los últimos 40 años. Repite los monótonos discursos gubernamentales y patriarcales.

Ni por asomo intentó otra cosa. No puede. Actúa al ritmo de Palacio Nacional. Reafirma estereotipos y mantiene la visión idealista de mujeres víctimas o heroicas, sin conocer a las de carne y hueso, luchadoras incansables por la reivindicación femenina.

En 1824, a escasos tres años de la consumación de la Independencia, un puñado de mujeres reclamó en Zacatecas el derecho al voto y a su participación en la cuestión pública. La demanda central, aún vigente por la ciudadanía, es la libertad de cuerpo y pensamiento, el derecho a la educación, el trabajo, la salud, la libre maternidad y a ser consideradas personas.

Las demandas feministas cumplirán 200 años en 2024. Algunas han sido resueltas jurídicamente, pero no de facto. Se diría que de cara a la violencia política y la exclusión, aún tenemos una ciudadanía incompleta. Nuestra vida cotidiana está atravesada por innumerables violencias que empezaron a nombrarse hace dos siglos. Bastaría revisar los anales de la Catedral Metropolitana o si nos queremos ir hasta antes 1810, leer a Josefina Muriel en Los recogimientos de mujeres (obra de 1974), o lo que escribió sobre la rebelión en conventos durante aquella época.

Nombraré sólo algunas de entre siglos que podrían ocupar espacios en la avenida Reforma: Laureana Wright, Dolores Jiménez y Muro, Elena Arizmendi, Hermila Galindo, Juana Bele´n Gutiérrez de Mendoza, Carmen Mondragón, Antonieta Rivas Mercado, Tina Modotti, Clementina Otero, Consuelo Zavala, Elvia Carrillo Puerto, Rita Cetina Gutiérrez, Dolores Correa y Zapata, Laura Méndez de Cuenca, Rosaura Zapata, Carmen Vélez (conocida como “La Generala”), Benita Galeana, María Izquierdo, Florinda Lazos, Aurora Meza Andraca, Margarita Robles Mendoza, Rosa Torre González, Aurora Jiménez de Palacios. Hace dos años fueron nombradas en el Calendario Cívico que actualiza cada año la Secretaría de Gobernación.

Alguien -una feminista- podría sugerirle estas cosas. Incluso, hay una lista de quienes estuvieron en la guerra de Independencia que no son las tres o cuatro de nuestros conocimientos de primaria. Le propongo a la Jefa de Gobierno escudriñar en esa lista que hizo el filólogo e historiador Genaro García en Crónica oficial de las fiestas del primer centenario de la Independencia de México, quien encontró nombres y circunstancias de las presas en la cárcel de Belén, que existió aquí en la Ciudad de México entre 1862 y 1933. Veremos.

*Especialista en temas de igualdad de género y directora del portal SemMéxico.mx